La madrugada del día siguiente[12] [13] La luna
tempranera de las tres de la tarde, moneda incompleta, cuarto
creciente, especie de mancha transparente, extemporánea sobre el cielo
brillante y azul, soplo de viento que agita el verdín y el calor,
enmarcan la hora en la cual Luciano inicia la cochura del chipá, que
alienta en un humo oloroso y blanco, volviendo constantemente la cabeza
hacia el sendero polvoriento, esperando, como hace todas las tardes de
luna tempranera. -¿No llegó todavía? -Ya te dije que no
puede, que no va...