Al
cerrar tras de sí la enorme puerta de nogal, le acaricia el rostro la
brisa fresca que fluye del paisaje del
bosque cautivo en el marco del cuadro y llega hasta sus oídos el gorgoteo
incesante del arroyo al correr por el cauce donde acaba la pendiente del valle,
alfombrada de florcillas multicolores sobre las que ondulan mariposas en
torbellinos de luz.
Contempló
su habitación iluminada por el sol. La luz amortiguada cruza el denso cortinaje
del amplio ventanal de molduras...